Babi, kukn, maruchan, mi chikistrikis, my everything...
No sabía que conocerte iba a convertirse, sin que yo lo supiera, en una de las cosas más bonitas que me pasarían en la vida.
Todavía recuerdo la primera vez que te vi. En ese momento no tenía idea de que aquella chica frente a mí algún día significaría tanto. Llevabas una cola alta, tus lentes rositas y esa risa tan tuya, de esas que parecen contagiarse incluso antes de saber por qué estás riendo. Parecías una chica cool, de esas personas que llegan a un lugar y, sin intentarlo demasiado, hacen que los demás las noten.
Y qué curioso es recordar aquello ahora, porque en ese entonces no lo llamaba amor. Ni siquiera sabía que algún día podría llegar a serlo. Para mí simplemente eras alguien a quien admiraba muchísimo. Una persona que, sin saberlo, había conseguido despertar mi curiosidad.
Hasta que un día llegó un mensaje tuyo por Instagram.
Todavía no sé cómo terminamos siguiéndonos. Quizá fue una de esas pequeñas casualidades que parecen insignificantes cuando ocurren, pero que años después descubres que cambiaron el rumbo de tu vida. Y qué suerte la mía que haya pasado. Porque aquel mensaje fue nuestra primera pequeña puerta.
Aunque, si soy sincera, no estoy muy orgullosa de cómo respondí. Creo que en ese momento no supe qué hacer con todo lo que estaba sintiendo. Reprimí mis emociones, escondí cosas que quizá debí dejar salir y, de alguna manera, siento que eso terminó afectando el desenlace de nuestra amistad.
Pero supongo que algunas historias necesitan perderse un poquito antes de encontrar el camino de regreso.
Porque aquí estamos.
Y cuando miro hacia atrás, no puedo evitar pensar que gran parte de que hoy exista esta historia te lo debo a ti. A la persona increíble y maravillosa que siempre fuiste. A esa chica que conocí de lejos y que, con el tiempo, terminé conociendo de verdad. Te admiré primero sin saber que algún día terminaría queriéndote de esta manera.
Haberte confesado lo que sentía fue uno de esos momentos que dividen la vida en un antes y un después. Y aunque en aquel entonces no podía saber todo lo que vendría después, sí sé que cambió mi vida para bien.
Han pasado tantos años desde aquella primera vez que te vi.
Y todavía hay algo que permanece intacto.
Sigo enamorada de ti.
Quizá de una manera distinta, más profunda, más llena de recuerdos, pero con la misma ternura con la que empezó todo. Como si aquella primera mirada hubiera dejado una pequeña versión de ti guardada en algún rincón de mi memoria.
Y cuando vuelvo a ella, solo puedo pensar:
Qué bonito que aquella chica de cola alta, lentes rositas y risa contagiosa haya terminado convirtiéndose en mi todo. ♡
— Forever yours, babi ♡